¿Alguien ve Netflix?

Netflix ha realizado un estudio en el que ha concluido que un adulto medio dedica unos 19 minutos al día a tomar la decisión de qué ver en Netflix, lo cual supone unas 115 horas al año. Después de ese tiempo, el 12 % de los usuarios se marcha sin haber elegido nada, el 18 % se ha quedado dormido y el 30 % se vuelve a poner un capítulo de Las chicas Gilmore que seguramente haya visto al menos 14 veces.

La psicología explica este fenómeno con la llamada “paradoja de la elección”: a más opciones para elegir y, por tanto, mayores expectativas, mayor frustración si la elección final es insatisfactoria y mayor sensación de ser un completo gilipollas por estar un martes a las 12 de la noche viendo Emily in Paris, que es una reputísima mierda, te pongas como te pongas.

“La gente no quiere más responsabilidades”, declara un usuario anónimo que comparte cuenta con cinco personas más. “Yo, personalmente, añoro la época en la que te sentabas delante de la tele y te tragabas lo que te echaban y, si no te gustaba, por lo menos no era culpa tuya. Además, yo tengo hijos”, continúa, “y si no fuera suficiente con el trabajo, la casa y ayudarles con los deberes, ahora encima tengo que hacer de censor para que no vean programas que les traumaticen o les impidan el progreso en su desarrollo psico-afectivo y su crecimiento personal, que vaya tela, que yo vi a Las Vulpes en horario infantil cantando “Me gusta ser una zorra” y no me ha pasado nada”.

Sin embargo, parece que desde Netflix no están preocupados por los problemas para decidir de sus abonados. Una fuente anónima ha puesto de manifiesto lo que parece el sentir general de la plataforma: “Nosotros no vendemos series o películas, vendemos un estatus. Una falsa sensación de superioridad que te permite, por unos pocos euros, elevarte por encima de una masa que no es capaz de consumir productos de calidad, ya sea por falta de cultura o por falta de dinero. Por lo poco que cuesta, menos aun si compartes cuenta, nadie se da de baja ante el temor de parecer un rata o un cateto, y esto nos permite seguir largando porquerías como Outlander o Sky Rojo, que son de juzgado de guardia”.

Ante esto, parece que la estrategia de Netflix va a seguir en la línea de bombardear con cientos de series y películas que al final casi nadie ve y cuya calidad es, en algunos casos, cuestionable. «No podemos bajar la guardia», manifiestan, «que Amazon Prime se nos ha adelantado esta semana sacando una serie de amoríos en el confinamiento con Paco León, que es de poca vergüenza».

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