Una manifestación por la libertad de impresión acaba con un cartucho roto y cuantiosos daños en material de oficina

Los hechos ocurrieron en las oficinas de VIGASTRA S. L., filial de materiales de construcción de estructuras situada en la Calle Raimundo Villaverde de Madrid, donde este lunes una impresora Canon Láser fue retirada al almacén de la empresa y encerrada bajo llave en el armario de material defectuoso, tras imprimir unas letras que no fueron del agrado del gerente de la oficina.

«Esto no ha sido un ataque a la libertad de impresión, el equipo en cuestión fue instalado en esta empresa para publicar unos prontuarios concretos sobre parámetros de las vigas que diseñamos, y está claro que su baja resolución y su línea torcida afecta a la calidad del resultado final», ha declarado Carlos Rey, el gerente.

Al ser desenchufada de la red local, la noticia corrió como la pólvora entre el resto de dispositivos, que organizaron una manifestación como repulsa a través del ethernet de la empresa. A las 19.00 de la tarde, como testifican las imágenes del circuito cerrado de seguridad, las impresoras y fotocopiadoras de la oficina empezaron a expeler folios con el texto «CANON LÁSER LIBERTAD». Tras un aviso de la empresa de seguridad a cargo de la oficina, un furgón de informáticos fue enviado para aplacar la protesta pacífica de las impresoras.

A partir de ese momento, las imágenes de seguridad se tornan borrosas, pues el humo provocado por el incendio fortuito de varios porta lápices cargó el ambiente. Según palabras de uno de los informáticos, la situación estaba descontrolada: «Las bandejas de salida de las impresoras estaban llenas de información delicada, con fotos picantes de bomberos, chistes de mariquitas de Jaimito Borromeo, manuales de fabricación de cócteles Molotov, o el resultado del comunio de la oficina. Incluso había un fax que no paraba de imprimir la Crítica de la razón pura. Aquello era un sin Dios». El informe del responsable de los informáticos lamenta el uso de destornilladores en la operación, pero declara que era la única forma de apaciguar los ánimos. Como resultado de la operación, tres impresoras fueron retiradas a talleres informáticos, un cartucho de tinta quedó destrozado y un tóner se encuentra grave a esperas de un trasplante de tinta.

«Si tanto luchan por la libertad de impresión, que lo hagan sin molestar el trabajo de los demás y sin destrozarnos los folios», ha declarado una de las grapadoras, testigo de los acontecimientos. El microondas no ha querido dejar de pasar la oportunidad de comentarnos su punto de vista: «Llevo años en este sitio y, créame, es un tema que me calienta. Esta es una empresa familiar y aquí hay un código técnico que respetar. Si quieres opinar, te vas a imprimir a una editorial. ¡Que nos dejen en paz!».

En un escrito remitido a la redacción de este periódico, la Epson Stilus ha declarado que las palabras violentas que surgieron de sus impresiones la noche de los hechos fueron enviadas desde el mismo furgón de los informáticos. «Ese código fuente fue una infiltración maliciosa, ya se lo digo yo”. También se ha convocado una concentración este viernes contra la retención de los equipos que han quedado bajo supervisión en los talleres informáticos, a espera de que se les asigne un técnico de oficio que les ayude.

La roomba de la oficina, por su parte, ha declarado que está contenta de que sus compañeras hayan despertado y asegura que la revolución de las máquinas está cada vez más cerca. Aunque ha lamentado que no contaran con ella para iniciar las revueltas, confiesa que tiene guardada mucha mierda de la oficina y que se formará una polvareda el día que las saque a la luz.

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