El ‘contadoring’ asalta el alquiler: vivir en un cuarto de contadores de lujo hasta los 40

Esta fórmula, a medio camino entre el piso compartido y la primera habitación de Harry Potter, atrae el interés de los jóvenes.

El contadoring va a dar mucho que hablar en España. Está a medio camino entre el alquiler compartido y vivir en el hueco de debajo de la escalera. Sus inquilinos están dispuestos a pagar una cantidad similar de lo que cuesta cualquier casa completa en la España vaciada, pero sin perder la oportunidad de compartir vivienda en el centro de Madrid o Barcelona. Desembolsan un mínimo de 750 euros mensuales por colocar su esterilla y orinal en las habitaciones de contadores de las viviendas,  superficies que van de 2 a 3 metros cuadrados que hasta ahora apenas se usaban.

¿Por qué? «El contadoring es una nueva forma de vivir en la que jóvenes emprendedores y creativos residen en una zona privada del edificio, pero tienen acceso a zonas públicas en las que conectan con la comunidad y el barrio, como los bancos de los parques cercanos, o el acceso a la red municipal de agua potable», dicen en Vulture Culture, compañía británica que gestiona varias manzanas de edificios en Madrid, en los barrios de Lavapiés y Malasaña.

Por ahora, son edificios de viviendas cochambrosos cuyos cuartos de contadores han sido medio vaciados para el contadoring. Estos espacios funcionan a la vez como vivienda y laboratorio de ideas para estos inquilinos, muchos de otras ciudades y países, que no quieren estar sujetos a contratos de cinco años, ni a un compromiso con las cédulas de habitabilidad de las normativas municipales. Son muchos los bloques de pisos de las grandes ciudades los que están siendo derruidos para construir más cuartos de contadores. Las personas que utilizan este servicio, tienen entre 28 y 32 años, aunque algunos se acercan a la cuarentena, y «todos son profesionales que trabajan o están montando su start-up, ya que lo que nos interesa es que la comunidad tenga miembros afines», comentan en Vulture Culture.

Javier Llácer, guionista de un programa de entretenimiento de 28 años, dice que su cuarto de contadores de la calle de Caravaca ha sido mucho más que un apartamento. «He podido grabar aquí mi Podcast sobre The Office, colarme en la azotea cuando no miraban los vecinos para hacer yoga al sol, practicar cardio persiguiendo ratas, trabajar con comodidad robándole wifi al Starbucks de al lado, y otra cosa no, pero enchufes para mi PC no faltan en esta vivienda», apunta.

Andrea López, Community Manager de 36 años, destaca que es la oportunidad de vivir con la tensión que tenían nuestros antepasados, produciendo el estrés necesario para que nuestra especie sobreviviera. «En este entorno siempre encuentras inspiración, es como volver a las cavernas, pero viendo todo el día los números girar, en lugar de pintar bisontes, ¡y hay wifi gratis!».

Estas viviendas son un aperitivo. Lo que está por llegar será la adaptación de espacios como cuartos de limpieza comunitaria, o la colocación de biombos en parkings, «que es lo que pide el operador para tener una gestión eficiente, no olvidemos que la vivienda es un derecho, pero también es un bien de mercado», dice Samuel Ratwridre, director de Safe & Spaces de la consultora FDP, citando, según otras fuentes, a algún ministro liberal. 

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